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Centros Comerciales Sociología Estratificación Social

El centro comercial y su relación con la ciudad

Los centros comerciales y su relación con la ciudad

Raúl Rodrigo González Aguirre

Los centros comerciales, tanto en México como en otros países, surgen en primera instancia como una manera innovadora de realizar compras de diversas índoles en distintas tiendas dentro de un mismo espacio. De este modo, podemos observar cómo es que la primera intención de los mismos radica en un carácter utilitario o funcional. Dentro de este carácter utilitario central que estos lugares presentaban, este podía compararse con la función ejercida por los centros urbanos de las capitales en materia de comercio minoritario, es decir, de la misma manera que algunas personas recurrían al centro de la ciudad para realizar sus compras, otras preferían hacerlo en estos nuevos centros comerciales concentrados.

Sin embargo, conforme los modernos centros comerciales se expandían durante finales de la década de 1980 y principios de 1990, estos adquirieron cada vez más un carácter hedonista agregando elementos, tanto internos como externos, que favorecían la convivencia, recreación y sociabilidad alrededor de los mismos, lo cual los equiparaba a un paseo, ya sea individual o en conjunto. Estos cambios en la concepción de los centros comerciales llevaron a que incluso hoy día se los considere como una atracción urbana, es decir, un espacio a dónde acudir si es que se visita dicha ciudad donde están insertos, convirtiéndolos, por tanto, en una forma de vivir la ciudad (Cornejo Portugal, 2006).

Según Medina Cano:

“Los centros comerciales aparecen cuando el protagonismo económico, político y cultural del centro de la ciudad desaparece, pierde importancia el área central de la ciudad, el éxodo de los habitantes hacia áreas suburbanas aumenta, y el morador de las ciudades pierde el sentimiento de vida en comunidad” (Medina Cano, 1998: 64).

Al perder el centro de la ciudad su atractivo en lo correspondiente al ocio y la convivencia (agregando también sus componentes histórico, cultural y comercial), este se ve superado por diversas ofertas de carácter privado tales como los parques de diversiones, las salas de cine, y, para el caso que nos atañe, los centros comerciales. Según Escudero Gómez, citado por Toro Sánchez:

“los malls y sus diversas tipologías ya no sólo suponen una alternativa al ocio habitual de los ciudadanos, sino que han venido a sustituir la función desempeñada por el espacio público urbano, principalmente la que se refiere al ocio” (Escudero Gómez, tomado por Toro Sánchez, 2009: 259).

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Hemos dicho que la intención inaugural de quienes construyen estos espacios radica en el beneficio económico que se origine por el consumo dentro de éstos, por ello, si tomamos de manera estricta este precepto podemos notar como la asistencia a los mismos está mediada premeditadamente por el poder adquisitivo de las personas, es decir, a pesar de que el acceso no está condicionado a una cuota de pase (exceptuando los estacionamientos en algunos casos) los precios de las mercancías ofrecidas dictaminan quienes pueden acceder o no a su compra.

Por otro lado, tal como hemos mencionado, desde las décadas de 1980 y 1990 estos espacios son cada vez más asociados a una forma de paseo que en principio no está mediada por la adquisición de mercancías, sin embargo, las diversas actividades que los centros comerciales ofrecen en materia de entretenimiento y convivencia resultan estar mediadas también por otra forma de consumo materializada en diversos servicios como las salas de cine, restaurantes, snacks, etc.

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Ante esto podemos caer en determinaciones anticipadas consistentes en que, ya sea en cualquiera de sus facetas (adquisición de mercancías u ocio), la visita a un centro comercial está mediada por el consumo y, por tanto, por el poder adquisitivo de sus visitantes. En la misma línea, se puede llegar a pensar que tal división económica propicia un proceso de segregación entre quienes pueden acceder o no al mismo. En este caso, la fragmentación y dispersión ejercida por este tipo de espacios suele conllevar la separación de sectores urbanos, lo que significa una polarización entre quienes encajan o no en tal o cual estrato socioeconómico. Según Hernández Molina et. al.: “Los barrios han configurado sus propios centros que representan la estratificación social de la ciudad, por eso unos son más limpios, vigilados, luminosos, y otros son más modestos y caóticos” (Hernández Molina, et. al., 2013: 37). Sin embargo, este enfoque excluye una tercera posibilidad de asistencia a los mismos consistente en la apropiación espacial y sociabilidad no basada en el consumo, es decir, a la atribución de funciones distintas por actores a los que en principio no fue dirigido sobre un espacio que en principio fue concebido para otro uso. De esta forma, se reconoce que tal segregación urbana se relativiza, no obstante, a su vez somos conscientes de que la misma no desaparece de manera absoluta.

Referencias

Cornejo Portugal, I. (2006). El centro comercial desde la comunicación y la cultura. Un modelo análitico para su estudio. Revista de Ciencias Sociales, 13-37.

Cornejo Portugal, I., & Bellón Cárdenas, E. (2001). Prácticas culturales de apropiación simbólica en el Centro Comercial Santa Fe. Revista de Ciencias Sociales, 67-86.

Hernández Molina, I., Hernández Puentes, J., & Hernández Molina, R. (2013). Los centros comerciales: el nuevo paradigma de desarrollo y consumo en la sociedad moderna. Revista de pesquisa en arquitectura y urbanismo, 35-46.

Medina, F. (1998). El centro comercial: una “burbuja de cristal”. Estudios sobre las culturas contemporáneas, 61-91.

Toro Sánchez, F. (2009). Los centros comerciales, espacios postmodernos de ocio y consumo. Cuadernos Geográficos, 257-261.

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